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El New Adult parece ser el nuevo género literario del momento pero… ¿qué es exactamente?

El término New Adult fue acuñado por St. Martin Griffin en 2009 y denomina a “las historias de ficción similares a las Young Adult Fiction pero que también pueden ser etiquetadas como literatura para adultos” Es decir, es un género que abarca la franja post-adolescencia y pre-adultez (18-30 años). Estas historias tienden a centrarse en la etapa universitaria de los protagonistas. Abarcan temas como: el desarrollo sexual, el “irse” de la casa, la decisión de carreras universitarias, en otras palabras, todo lo que implica convertirse en un adulto.
Ahora, como pasa con todos los géneros literarios, el New Adult se combina con muchos sub-géneros. Podemos encontrar historias new adult con vampiros, zombis y hasta en un contexto apocalíptico. Para mí, una vez “inventado” el género, el resto es una carrera para ver quién es más creativo y quién logra atraer a una mayor cantidad de público.

Sobre el contenido de este nuevo género
Para muchos decir “voy a leer un New Adult” es lo mismo que decir “voy a ir a leer una historia con sexo explícito para los jóvenes”. Acá es donde yo tengo una discrepancia. Si bien el hecho de que haya un nivel de sexo –que no está presente en las novelas estrictamente catalogadas como juveniles– no creo que sea lo único que aportan estas novelas. Para mí el foco central está los problemas de la temprana adultez. ¿Cómo se siente vivir solo? ¿Qué carrera voy a seguir? ¿Quién soy, quién quiero ser? No digo que estas cosas no estén abordadas en novelas juveniles porque estaría mintiendo, creo que la mayor premisa de abordar estas preguntas. Pero el New Adult creo que lo aborda desde otro foco, desde un punto más “realista” por así decirlo, sin tanto idealismo.
De todas formas, reconozco que hay muchas novelas NA cuyo punto central es el sexo, pero insisto: hay que buscar, saber elegir. Creo que hay muchas historias muy interesantes y fuertes que tienen escenas sexuales pero la trama no gira en torno a ellas.
Reseñado por Erika

Te quiero pero te odio.
Lucy ha oído decir esa frase incontables veces, pero hasta ahora nunca había pensado que podía llegar a comprenderla tan bien. En realidad, desde el día que conoció a Jude navega por aguas turbulentas, incapaz de aclararse y descifrar qué siente. Entre toda la confusión, algo le parece evidente: Jude no es un chico adecuado para ella. Cínico, inaccesible, descarado hasta decir basta... En definitiva, el clásico tipo malo que parece predestinado a romperle el corazón a cualquiera que sucumba a sus encantos.
Y, sin embargo, Jude ejerce una extraña atracción sobre ella. Una atracción de la que parece imposible escapar...

Lucy es una chica que pretende salvar el mundo. Se la pasa adoptando perros abandonados, se anota en campañas de todo tipo (recolección de juguetes, voluntaria dando clases particulares), preside concursos a beneficio, todo lo que pueda hacer en favor de los demás, ella lo hace.
Pero ese verano tenía que enfrentarse a una vida totalmente nueva. Su familia se había mudado del lugar donde siempre habían vivido a una cabaña que solían usar para vacacionar, y no era lo más lujoso del mundo. Habían perdido casi todo el dinero que tenían, por lo que tenía que acostumbrarse a una nueva vida, lo que incluía un cambio de colegio, cambio de amigos, y resignarse a hacer algunas de las cosas que más le gustaban —aunque lo de salvar perros abandonados no le salió dejarlo del todo. Hacía 5 años que su familia llevaba viviendo por inercia, luego de la pérdida de un ser querido muy importante para ellos.
Desde ese momento dejaron de ser los mismos: su papá parecía perdido en otra galaxia cuando le hablaban, su mamá vivía de mal humor, y ella había reaccionado intentando salvar a toda la humanidad. Además, tenía una pasión: la danza. Y era lo único por lo que estaba dispuesta a luchar pese a que hubiera o no dinero en la familia, porque era lo que lograba hacerle olvidar todos sus problemas.
Uno de los últimos días de vacaciones de verano, Lucy decide no dejar pasar más tiempo, ella quiere encontrar a su príncipe azul. Y, jugando en la playa con un grupo de chicos al fútbol americano, distingue uno que en vez de azul, es rojo pasión. Sabía que era un arma de doble filo: era un chico muy atractivo, pero igual de peligroso. A simple vista se notaba que era un rompecorazones, y no tuvo que esperar mucho para cruzar un par de palabras y confirmar que así era.
Sin embargo, pareció no importarle porque había algo de él que la atraía y hacía que por momentos se olvidara de los carteles con luces de neón que gritaban “¡PELIGRO!”. Luego de varios episodios que confirmaron la clase de peligro que representaba este chico, no había duda de que no podía dejar de pensar en él.  Sabía que no podía enamorarse de alguien así, que apenas había conocido y de quien no sabía más que su nombre, y sin embargo no podía evitarlo.